Reflexión del Domingo de Resurrección

Resurrection Sunday Reflection

Serie de Reflexión de Cuaresma de AETH

Reflexión de Domingo de Resurrección

Al instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron a los once y a los que estaban reunidos con ellos. “¡Es cierto! —decían—. El Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón.” Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan. (Lucas 24:33-35 NVI).

Después de dos años de pandemia, este tercer Domingo de Resurrección en tiempos de Covid-19 no será fácil. En medio del sufrimiento y desconsuelo que la pandemia ha dejado, nos reunimos esta Semana Santa echando de menos a seres queridos que ya no están con nosotros. Además, la ansiedad, incertidumbre y temor que produce la realidad de la guerra, roban nuestra paz y sentido de tranquilidad. Ese mismo sentir de pérdida y desilusión acompañaba a los discípulos que iban rumbo a Emaús en Lucas 24:13-35.

Dos discípulos desconocidos caminaban cabizbajos pensando en la derrota que significó la trágica crucifixión del profeta, Jesús de Nazaret (v. 19). Ellos habían puesto toda su esperanza en la creencia que Él era el Redentor de Israel prometido; pero su muerte acabó con sus sueños (v. 21). Sus ojos llenos de tristeza no les permitieron reconocer al Jesús resucitado quien comenzó a caminar junto a ellos.

Considerando la tragedia que habían experimentado estos hombres, no es tan sorpresivo que estuvieran tristes en su viaje a Emaús. Lo que sí es asombroso es que más temprano en el día unas seguidoras de Jesús les habían contado que encontraron la tumba vacía y ellos no les creyeron (vs. 22-23). Aparte, cuando otros discípulos también confirmaron que el cuerpo de Jesús había desaparecido aun quedaron sin entender (v. 24). A esto, Jesús procedió en darles un curso rápido sobre profecías mesiánicas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.

Después de una larga plática donde Jesús les explicó cómo era necesario que el Cristo muriera y resucitara otra vez, ellos finalmente lo reconocieron cuando él partió el pan (vs. 30-31). Aunque el partimiento del pan pudiera haberles recordado acerca de la Cena del Señor, es posible que al ver las marcas en las manos del Crucificado sus ojos fueron abiertos (v. 35). ¡Qué maravilloso es realizar que el cuerpo del Resucitado permanentemente fue marcado por su sufrimiento en la cruz! Además, es consolador comprender que la fe cristiana no está enraizada en un triunfalismo carente de sufrimiento. Al contrario, el sufrimiento del Crucificado es la base de la esperanza de nuestra fe.

Rodeados de dolor y desesperanza es importante recordar que el Resucitado conoce el sufrimiento y angustia de este mundo. Lo conoce a primera mano pues sufrió la pérdida de su padrastro José quien no estuvo al pie de la cruz (Juan 19:25-27) y lloró la muerte de su amigo Lázaro (Juan 11:35). Sufrió las injusticias y maltratos de un sistema opresor que lo ejecutó cruelmente frente a su madre y amigos cercanos. Por lo tanto, la resurrección de Jesús debe abordarse como una celebración anticipatoria al triunfo escatológico sobre el pecado, la enfermedad, la injusticia, la muerte, y toda forma de maldad en este mundo.

Fue solamente después que se dieron cuenta que el Crucificado se había levantado de entre los muertos, que su esperanza fue reencendida. Regresaron a confirmar la victoriosa noticia declarando: “El Señor ha resucitado” (Lucas 24:34). Hoy nosotros también necesitamos que nuestra fe y gozo sean renovados. ¡Necesitamos que nuestra esperanza sea resucitada! Que nuestros corazones vuelvan a arder otra vez al regocijarnos en la resurrección de nuestro Señor.

Feliz Pascua.

Sammy Alfaro

Profesor de Teología, Grand Canyon University y Pastor de Iglesia Nuevo Dia

17 de abril de 2022

 

 

AETH’s Lent Reflection Series

Easter Reflection: Resurrection Sunday

That same hour they got up and returned to Jerusalem; and they found the eleven and their companions gathered together. They were saying, “The Lord has risen indeed, and he has appeared to Simon!” Then they told what had happened on the road, and how he had been made known to them in the breaking of the bread. (Luke 24:20-21 NIV).

After two years of pandemic life, this third Resurrection Sunday in times of Covid-19 will not be easy. Amid the suffering and grief left behind by the pandemic, we gathered this Holy Week missing our loved ones who are no longer with us. In addition, the anxiety, fear, and uncertainty produced by the reality of war, robs us of our peace and sense of tranquility. That very same feeling of loss and disillusionment accompanied the disciples who were traveling on the road to Emmaus in Luke 24:13-35.

Two unknown disciples walked crestfallen reflecting on the defeat that had defined the tragic crucifixion of the prophet, Jesus of Nazareth (v. 19). They had set high hopes in their belief he was the promised Redeemer of Israel (v. 20); but his death busted their dreams (v. 21). Their sorrow-filled eyes did not allow them to recognize the resurrected Jesus who began to walk beside them on the road.

Considering the tragedy these men had just experienced, it is not surprising they were so saddened on the journey to Emmaus. What is astonishing is that earlier in the day some women disciples of Jesus had told them that they had found the tomb empty, and they did not believe (vv. 21-22). Moreover, when other disciples also confirmed the missing body of Jesus, they continued in disbelief (v. 24). At this, Jesus proceeded to give them a crash course on Old Testament messianic prophesies fulfilled in his person (vv. 25-27).

After a long talk in which Jesus explained to them how it was necessary for the Christ to die and rise again, they were finally able to recognize him when he broke bread (vv. 30-31). Although the breaking of the bread may have reminded them of the celebration of the Lord’s Supper, it was when they saw the marks on the hands of the Crucified that their eyes were opened (v35). It’s amazing to realize the body of the Risen One was forever marked by his sufferings on the cross. In addition, it is comforting to know the Christian faith is not rooted in triumphalism devoid of suffering. On the contrary, the suffering of the Crucified is the basis of the hope of our faith.

Surrounded by pain and hopelessness it’s important to remember the Risen One knows the suffering and anguish of this world. He knows it firsthand for he suffered the loss of his stepdad Joseph who was missing at the foot of the cross (John 19:25-27) and wept the death of his friend Lazarus (John 11:35). In addition, he suffered the injustices and mistreatment of an oppressive system which had him cruelly executed before his mother and close friends. For this reason, the resurrection of Jesus should be approached as an anticipatory celebration of the eschatological triumph over sin, sickness, injustice, and every form of evil in this world.

Only after they realized the Crucified had risen from the dead that their hope was rekindled. They returned to confirm the victorious news declaring: “The Lord has risen” (Luke 24:34). Today we also need our faith and joy to be renewed. We need our hope to be resurrected! May our hearts once again burn within us as we rejoice in the resurrection of our Lord.

Happy Easter.

Sammy Alfaro

Professor Theology, Grand Canyon University

April 17, 2022

 

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