Reflexión de Adviento Semana 3

Advent Reflection Week 3

Por espacio de siglos, el pasaje que ha ocupado la atención de los cristianos en esta tercera semana de Adviento se encuentra en Filipenses 2:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos! […] El Señor está cerca.”

Cuando esas palabras fueron escritas, había sobradas razones para vivir en temor. Los cristianos estaban siendo echados de las sinagogas. La sociedad y el gobierno los miraban con mala cara. Pronto estallarían las persecuciones. Y, todavía peor, las gentes temían las “huestes espirituales de maldad” que andaban por el aire.

Pero en medio de esos peligros y terrores, Pablo les dice a los filipenses, no que no haya nada que temer, sino más bien que hasta en los peligros más terribles se han de regocijar: “Regocijaos en el Señor siempre”. No se trata, sin embargo, de cualquier regocijo, ni del regocijo de quien celebra una fiesta con mucho bullicio, como para ahogar el recuerdo de los peligros que acechan. Se trata más bien del regocijo de quien sabe que “el Señor está cerca”.

Hoy nos hacemos la ilusión de que hemos vencido aquellos temores de antaño. Pero la verdad es otra. Quizá hoy no pensemos mucho en las “malicias espirituales en los aires”. Pero sí tememos esos virus que andan volando por el aire, esos malos consejos que andan por los aires de las redes sociales, esas mentiras acerca del virus, acerca de personas, acerca de elecciones, acerca de productos… En verdad, tenemos muchas razones para temer.

En medio de todo eso, y frente a toda malicia en los aires, Pablo nos dice: “Otra vez os digo: ¡Regocijaos!” ¿Por qué? ¡Porque el Señor está cerca! Más todavía: el temor no es causa para para no regocijarse, pues la base del verdadero regocijo es saber que lo que tememos no tiene la última palabra. Quizás hasta podríamos decir que solo puede regocijarse – verdadera y absolutamente regocijarse – quien sabe que tiene mucho que temer…

¡El Señor está cerca! Ese es el mensaje de Adviento. Pronto, como aquellos pastores que guardaban sus ovejas en la noche, oiremos las palabras del ángel: “No temáis, ¡porque os traigo nuevas de gran gozo!” Y entonces, por encima del bullicio de las fiestas, y por encima de los terrores de la pandemia, escucharemos y nos uniremos al canto eterno: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz y buena voluntad!”

Justo L. González

 

 

For centuries, the passage that has occupied the attention of Christians in this third week of Advent is found in Philippians 2: 4: “Rejoice in the Lord always. Again I say to you: Rejoice! […] The Lord is near. "

When those words were written, there was every reason to live in fear. Christians were being kicked out of the synagogues. The society and the government looked at them with disfavor. Soon persecutions would break out. And, worse still, the people feared the "spiritual hosts of evil" that were in the air.

It is not, however, just any rejoicing, nor the rejoicing of someone who celebrates a party with a lot of noise, as if to drown out the memory of the dangers that lie in wait. It is more about the rejoicing of those who know that "the Lord is near."

But in the midst of those dangers and terrors, Paul tells the Philippians, not that there is nothing to fear, but rather that even in the most dire dangers they are to rejoice: "Rejoice in the Lord always."

Today we have the illusion that we have overcome those fears of yesteryear. But the truth is otherwise. Perhaps today we do not think much about "spiritual malice in the air." But we do fear those viruses that are flying through the air, those bad advice that are in the air on social networks, those lies about the virus, about people, about elections, about products ... In truth, we have many reasons to fear.

In the midst of all this, and in the face of all malice in the air, Paul tells us: "Again I tell you: rejoice!" Why? Because the Lord is near!

Furthermore, fear is not a cause for not rejoicing, for the basis of true rejoicing is knowing that what we fear does not have the last word. Perhaps we could even say that he can only rejoice - truly and absolutely rejoice - who knows that he has much to fear ...

The Lord is near! That is the Advent message. Soon, like those shepherds who guarded their sheep at night, we will hear the words of the angel: "Do not fear, for I bring you news of great joy!" And then, above the bustle of the holidays, and above the terrors of the pandemic, we will listen and join in the eternal song: "Glory to God in the highest, and on earth peace and good will!"

Justo L. González


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